¿Cómo funciona nuestra mente?
 
La mayoría de nosotros queremos ser felices, o al menos conseguir que parte de nuestro sufrimiento actual disminuya. Incluso las personas que intentan suicidarse, lo hacen porque quieren alejarse del dolor y están tan confusas que no ven otra forma de lograrlo.
 
Este anhelo, tan humano y común, se nos presenta a menudo como una meta lejana y difícil de alcanzar. Siguiendo este impulso, nos embarcamos en un sinfín de  actividades y relaciones, buscando sentirnos mejor con nosotros mismos y con nuestro entorno. De esta manera vamos actuando a lo largo de la vida, y a menudo nos damos cuenta de que pese a nuestras metas y proyectos, no acabamos de sentirnos plenamente satisfechos.
 
¿Qué es lo que falla?
 
El principal problema es que invertimos mucha de nuestra energía buscando paz y satisfacción en el exterior, olvidándonos de dirigir la mirada hacia dentro. Ignoramos el hecho de que entre la supuesta realidad y nosotros se encuentra el filtro de nuestra mente.
 
La mente nos acompaña a lo largo de toda la vida. Está con nosotros desde pequeños y, sin que apenas nos demos cuenta del proceso, se va moldeando y llenando de contenido con cada una de nuestras experiencias.
 
Pensemos en lo que ocurre mientras hacemos una tarea rutinaria, como por ejemplo conducir o ducharnos. Si prestamos suficiente atención, podremos observar cómo nuestra mente vaga constantemente de un pensamiento a otro: pensamos en lo que prepararemos para cenar, repasamos una conversación que hemos tenido hoy con alguien, tarareamos la pegadiza canción que hemos oído esta mañana en la radio...Y no se trata únicamente de pensamientos en forma de palabras, a menudo también acuden a nuestra mente imágenes, emociones, deseos...
 
Este ir y venir de los distintos contenidos mentales es algo que ocurre de manera constante, manteniéndonos la mayoría de veces alejados del momento presente. Así, vamos “saltando” de recuerdos o pensamientos sobre el pasado, a planes o rumiaciones sobre el futuro, estando raramente centrados en el aquí y ahora.
 
A veces estos contenidos tienen asociada una carga emocional neutra, otras veces nos resultan agradables y otras nos hacen sufrir sobremanera .
 
Una de las primeras cosas que debemos comprender sobre los contenidos mentales es que acostumbran a estar relacionados con nuestra historia previa.
 
Imaginemos el caso de Antonio, de 40 años. Cuando éste era pequeño no le gustaba jugar al fútbol y a la hora del recreo prefería quedarse charlando tranquilamente con sus amigas. Este hecho le costó años de burlas y duros insultos por parte de algunos compañeros de clase, que pensaban que la razón por la que le gustaba jugar con las niñas es que era homosexual. Imaginemos que un día Antonio, ya de adulto, va conduciendo tranquilamente por la carretera y, cuando está a punto de chocar con otro vehículo que se ha saltado un stop, oye como el otro conductor le grita enfadado “¡no conduces sólo maricón!”.
 
¿Cuál creéis que será su reacción ante este insulto? ¿Sus emociones serán igual de intensas que si lo hubieran llamado “imbécil”? Probablemente no. Una sola palabra habrá evocado en él un conjunto de dolorosos recuerdos y emociones.
 
Esta es la razón por la cual cada uno de nosotros tenemos nuestro propio “talón de aquiles”, personal e intransferible. Algunos tememos no ser suficientemente buenos como para que los demás nos quieran, otros creemos que somos más cultos y sensatos que la mayoría, o nos sentimos culpables por todo, o pensamos que la vida nos ha tratado injustamente, o necesitamos desesperadamente la aprobación de los demás para sentirnos seguros, y así un largo etcétera. Dependiendo de cuáles hayan sido nuestras vivencias y de cómo las hayamos procesado, nuestra mente nos mandará unos contenidos u otros en los momentos difíciles, haciendo que vivamos las circunstancias de una manera determinada.
 
Otra característica de los contenidos mentales es que, aunque suelen ser repetitivos, son siempre pasajeros: entran y salen constantemente del campo de nuestra conciencia, com si de hojas secas que bajan por el curso de un río se tratara.
 
La mayoría del sufrimiento que experimentamos está relacionado con tres factores: no somos conscientes de nuestro flujo de contenidos mentales, no recordamos que éstos son aprendidos, y actuamos como si fueran a durar para siempre. Estos factores hacen que a menudo nos quedemos “pegados” a dichos contenidos, de manera que éstos acaban determinando nuestros actos. Es como si lleváramos siempre puestas unas gafas de cristales coloreados y no lo supiéramos, de manera que pensáramos que la realidad es realmente del color de los cristales y reaccionáramos en consecuencia.
 
¿Qué puedes hacer para empezar a cambiar esto?
 
El primer paso para aprender a manejar los contenidos de la mente es tomar conciencia de su existencia y de su funcionamiento. Intenta entrenarte en observar los mensajes que aparecen en tu mente en distintos momentos durante el día: date cuenta de cómo cambian constantemente, de qué factores depende que aparezcan unos u otros, de si hay algún contenido que se repite una y otra vez en determinadas circunstancias... Pregúntate a ti mismo qué está pasando por tu mente cuando te invada una emoción intensa o perturbadora.
 
Empezar a observar el flujo de contenidos mentales puede resultar angustioso al principio, puesto que nos hacemos conscientes de que nuestra mente es como un mono que nunca está quieto. Para evitar que esta experiencia de autoconocimiento pase a ser algo contraproducente, es importante que tengas en cuenta lo siguiente:
 
No está en tus manos controlar o evitar los contenidos de la mente: como ya hemos visto en artículos anteriores, intentar evitar pensar en algo o sentirse de alguna forma, no hace más que acrecentar la resistencia y generar sufrimiento innecesario.
 
Ten en cuenta también que puesto que tú no eliges libremente lo que piensas o sientes, no tiene sentido que  te culpes por ello. Resulta mucho más interesante que intentes adoptar una actitud de curiosidad y aceptación ante lo que surja.
 
Difícilmente podremos hallar la paz que buscamos sin dirigir la atención hacia nuestro interior. Entrenarse en la observación de los propios patrones mentales, con una actitud amable y respetuosa hacia nosotros mismos, nos proporcionará la conciencia suficiente para no reaccionar de manera inmediata ante las circunstancias. Lograremos así ser nosotros, y no nuestra historia previa, los que decidamos hacia dónde queremos conducir nuestra vida.
 
Como dijo Víctor Frankl: “Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En este espacio reside nuestro poder de escoger nuestra respuesta. En nuestra respuesta está nuestro crecimiento y nuestra libertad.”
 
 
VNP
¿Cómo funciona nuestra mente?
miércoles 5 de marzo de 2014