Aprovecha tu poder creador
 
En los últimos años algunos best-sellers han puesto de moda la idea de que podemos proyectar a nuestro antojo una energía capaz de hacer que nuestras circunstancias vitales viren hacia la dirección que tanto anhelamos. Esta afirmación ha sido a menudo entendida como el reflejo de un mecanismo mágico, esotérico e inexplicable alejado de los procesos mentales tal y como son concebidos desde la ciencia, de forma que en ocasiones se ha desacreditado sin más el valioso y a la vez malinterpretado mensaje que no sólo estos textos, sino los grandes sabios de la historia de la humanidad han intentado transmitirnos a lo largo de miles de años.
 
Esta idea de que cada uno de nosotros fabrica día a día su mundo no tiene en realidad nada de extravagante si nos tomamos un tiempo para analizar detenidamente la cuestión. Podemos partir por ejemplo de la idea de que usamos nuestra mente para percibir todo lo que nos ocurre durante el día. Como hemos visto en textos anteriores (como por ejemplo ¿Vemos las cosas tal y como son?), nuestra mente tiene almacenada en su interior una gran cantidad de información del pasado que influye en cómo vemos el mundo, de forma que la percepción que tenemos de una misma “realidad” difiere entre personas o incluso en un mismo ser humano en distintos momentos de su vida. De esta manera topamos con una primera evidencia:  tenemos cierto margen de maniobra ya en el proceso inicial de aprehender nuestro entorno, ya que en este primer momento nuestra parte creadora ya se ha puesto en marcha.
 
Esta libertad se hace aún más evidente cuando entramos en el terreno de la decisión y de la acción. Como dijo  Ortega y Gasset ”vivir es decidir constantemente lo que vamos a ser”. Estas sencillas y a la vez profundas palabras sintetizan a la perfección la idea de que cada uno de nosotros decide a cada instante cómo va a transcurrir su existencia en ese momento. Al contrario de lo que mucha gente piensa, esta afirmación no se refiere a las decisiones sobre lo que uno “va a hacer” (asunto en el que ocupamos gran parte de nuestro valioso tiempo) sino a lo que uno “va a ser”. Significa esto que cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de construirnos a cada instante.
 
Cada mañana cuando te levantas escribes, aunque a veces ni siquiera te des cuenta de ello, tu propia vida. Cada vez que suena el despertador y lo maldices, cada vez que te impacientas al observar cómo alguien no responde inmediantamente a tus expectativas, cada vez que te desesperas porque llegas tarde o porque no tienes tiempo para ti, cada vez que te sientes fatal por no ser capaz de adelgazar o de dejar de fumar, cada vez que sueltas un taco porque has olivado algo o se ha caído algo al suelo, cada vez que te sientes poca cosa en una reunión social...en cada uno de estos momentos estás potenciando en tu interior un tipo de energía en detrimento de otra.
 
Además, cuando activamos en nosotros un tipo de energía ésta atrae como un imán a toda la que circunda a nuestro alrededor y que lleva el mismo signo (sea este positivo o negativo): si un día te “levantas con mal pie” y te identificas con esta idea comprobarás como probablemente todo ese día se acabará torciendo de forma que desearás no haber salido de la cama esa mañana. ¿Se trata de una casualidad? Por supuesto que no. No es que el mundo se conjure mágicamente para ir peor, sino que tu estás predispuesto a fijarte sólo en las cosas malas que ocurren atendiendo a aspectos a los que en otras ocasiones ni siquiera darías importancia: entonces te pones nervioso, te desanimas y actúas de una forma torpe y desafortunada que hace que tu idea sobre que “estás teniendo un mal día” se confirme una y otra vez.
 
Otro aspecto importantísimo a tener en cuenta es que nuestra energía es percibida por quienes nos rodean e influye enormemente en cómo estos nos tratan. Por lo general las personas alegres y seguras de sí mismas resultan mucho más atractivas socialmente que las que se muestran tristes y malhumoradas. Esto hace que las primeras se relacionen con más facilidad con los demás y se sientan más satisfechas: nos encontramos otra vez con la pescadilla que se muerde la cola.
 
Podemos observar otro ejemplo si nos fijamos en uno de estos programas de televisión en que los protagonistas escriben pidiendo que la cadena les pague una operación de cirugía estética para arreglar alguna parte de su cuerpo con la que no se sienten satisfechos (la inmensa mayoría de veces se trata de pequeños defectos por los que la mayoría de población no se suele preocuar demasiado, pero estas personas se sienten realmente acomplejadas por ellos). El caso es que después de la cirugía y de la recuperación la mayoría de estas personas parecen otras, pero no físicamente. Afirman que se sienten más seguras de si mismas, con ganas de comerse el mundo, sin miedo, se comportan de forma atrevida y extrovertida, etc. Lo más sorprendente es que achacan todo este cambio psicológico a que les han reducido un poco la nariz o les han aumentado unas tallas de sujetador.
 
Evidentemente, la operación en sí no ha sido la responsable de su cambio interior. Lo que ha ocurrido es que estas personas se habían quedado ancladas en su “defecto” y habían achacado a él todos sus miedos y temores.  Después de la cirugía ellas mismas se desbloquearon, se decidieron por fin a disfrutar de la vida. La lástima es que lo hicieron sin ser conscientes de que para dar este paso no era necesario pasar por un quirófano: no descubrieron el gran poder creador de su mente.
 
Otro ejemplo de cómo podemos curarnos a nosotros mismos es el demostradísimo efecto placebo. Se ha observado una y otra vez que las personas mejoran de sus dolores o demás dolencias como respuesta a un medicamento recetado por el médico teóricamente eficaz para su malestar pero realmente inocuo (es decir, que no tiene ningún efecto fisiológico sobre el organismo). Estos datos apuntan a que la simple fe en que nos vamos a curar contribuye a que lo hagamos. Una vez más nuestra mente es capaz de construir nuestras circunstancias sin que ni siquiera lo sepamos.
 
Aunque aún hace falta avanzar mucho en las investigaciones sobre los mecanismos que subyacen a todo esto, pienso que estas evidencias son suficientes para como mínimo plantearse la necesidad de hacernos conscientes de que tenemos un papel extremadamente activo en la forma en cómo se desarrollan nuestras vidas y contemplar la posibilidad de que haya potencialidades de nuestra mente que aún éstén por descubrir.
 
Si sigues sientiéndote escéptico ante esta idea ponla a prueba tu mismo en tu vida cotidiana. Haz pequeños experimentos en que intentes mantener un cambio de actitud durante cortos periodos de tiempo y observa cómo poco a poco tus sentimientos y lo que ocurre a tu alrededor se transforman. Como dijo Neumann: “Los mejores años de la vida de una personas son aquellos en los que acepta sus problemas y dificultades, sin culpar a su madre, al ambiente o al gobierno; cuando comprende que es el arquitecto de su destino”.
 
VNP
 
 
 
Aprovecha tu poder creador
sábado 18 de septiembre de 2010