Actitud compasiva y apoyo social
 
Como opuesto a la indiferencia, el sentimiento de compasión surge en la mayoría de nosotros al contemplar el sufrimiento de otro ser deseando a la vez que éste disminuya o cese. Se trata, en definitiva, de una reacción mediante la cual empatizamos con la persona que tenemos delante: al lograr “ponernos en su lugar” compartimos y nos hacemos partícipes en cierta medida de su estado.
 
Probablemente os habréis percatado de que experimentamos una mayor compasión hacia las personas más cercanas emocionalmente a nosotros: cuanto más fuerte sea el lazo que nos une a otro ser, más insoportable nos resultará verlo sufrir y más elegría sentiremos al contemplar que las cosas le van bien.
 
En nuestra cultura la palabra “compasión” ha adoptado una connotación un tanto negativa, al ser sinónimo de sentir lástima o pena por alguien, colocándo a la persona que la experimenta en un nivel superior la que sufre, la cual pasa a verse deslavida e indefensa. El resultado de esta concepción es la creación de relaciones de poder desequilibradas que hace que a la mayoría de nosotros no nos resulte muy atractivo generar este tipo de sentimiento en los demás.
 
Por fortuna, hay otra manera de entender la compasión mucho más constructiva y beneficiosa. Si partimos de las premisas de que todos los seres experimentamos cierto grado de malestar o sufrimiento en algún momento de nuestra existencia y de que poseemos en nuestro interior la capacidad potencial de afrontar satisfactoriamente estos estados, el significado de la palabra “compasión” cambia radicalmente. La actitud compasiva pasa a ser entonces un recurso que nos proporciona la capacidad de ser conscientes de cuando el otro necesita nuestro apoyo sabiendo que ésto no nos hace mejores o más poderosos que esa persona, ya que tenemos en convencimiento de que tarde o temprano nosotros mismos necesitaremos de la compasión de otros y de que el ser humano que tenemos delante es potencialmente capaz de sobrellevar su sufrimiento con dignidad.
 
La compasión bien entendida constituye una herramienta muy valiosa y necesaria para brindar a los demás lo que en psicología solemos llamar “apoyo social”. Este concepto no hace más que nombrar algo que los seres humanos llevamos haciendo desde tiempos lejanos: echarnos una mano los unos a los otros en los momentos difíciles.
 
La ciencia ha demostrado en repetidas ocasiones lo que ya apuntaba el saber popular: compartir nuestros problemas con los demás nos ayuda a sentirnos mejor. Un ejemplo de esto es un estudio efectuado en 1997 por Gray y sus colaboradores, en el que comprobaron que las mujeres con cáncer de mama que acudían a grupos de encuentro en los que compartían sus sentimientos e inquietudes con otras mujeres que pasaban por la misma situación presentaban menos distrés (estrés perjudicial) y más sentimientos positivos que las que no lo hacían. Se han repetido hallazgos parecidos en diferentes países y culturas que parecen apuntar a que el simple hecho de compartir nuestros sentimientos tiene efectos terapéuticos importantes. Se ha comprobado como estos beneficios se producen con la simple verbalización de los propios estados, independientemente de que los demás nos proporcionen consejo o nos ayuden a encontrar una solución a nuestros problemas.
 
También se ha visto que es indispensable añadir el adjetivo “percibido” al concepto de apoyo social para que éste sea realmente beneficioso. Esto significa que no basta con que la persona que sufre disponga a su alrededor de seres dispuestos a brindarle apoyo cuando lo necesite, sino que esta persona debe sentir que esas personas están ahí.
 
Todos estos datos resultan esperanzadores tanto para los profesionales de la salud como para cualquier ser humano que tenga cerca a alguien que sufre. Así, cuando uno de tus allegados se encuentre en una situación complicada y te sientas impotente al creer que no puedes hacer nada para ayudarle, recuerda: quizá no puedas hacer que su enfermedad desaparezca, o que encuentre trabajo, o resucitar al ser querido que ha perdido... Pero lo que siempre podrás hacer es brindarle tu apoyo, hacerle sentir que no está sólo, que tu estás cerca para escucharle y acompañarle en su sufrimiento. Por si tenías alguna duda, ahora ya sabes que tu apoyo funciona y consituye una pieza clave en la recuperación de aquellos a quienes amas.
 
 
VNP
Actitud compasiva y apoyo social
viernes 23 de julio de 2010