Más allá del papel de víctima
 
Conforme va aumentando nuestro auto-conocimiento empezamos a preguntarnos cada vez más sobre el origen de nuestra manera de ser, sobre todo en referencia a aquellos aspectos de nosotros mismos que nos generan conflictos o malestar. Durante este proceso adoptamos una actitud parecida a la de un científico, generando hipótesis sobre las circunstancias vitales que han podido influir en la construcción de nuestro yo actual.
 
Es muy frecuente que este trabajo interior acabe dando como fruto una serie de respuestas en las que las personas de nuestro entorno familar próximo (sobre todo nuestros padres) desempeñan un importante papel. Otras veces, la explicación la encontramos en hechos más recientes, como las difultades de relación con los que nos rodean.
 
Durante muchos años, la psicología y la psiquiatría han enfatizado la importancia de econtrar y comprender las causas remotas de los problemas de las personas, usando para ello diversos métodos como la interpretación de los sueños, la hipnosis o incluso el intento de rememorar acontecimientos supuestamente experimentados en vidas pasadas.
 
Todos estos procedimientos responden a la necesidad que tenemos los seres humanos de comprendernos a nosotros mismos y que hace que, a menudo, sintamos un importante alivio al identificar las posibles razones por las cuales nos comportamos de una u otra forma. Esta sensación puede ir acompañada, en algunos casos, de cierto rencor hacia las personas de nuestro entorno o hacia las circunstancias vitales que, a nuestro juicio, han sido las responsables de nuestros actuales “fantasmas”. Hasta hace unos años se pensaba que el simple hecho de encontrar estas respuestas era suficiente para alcanzar el bienestar. Se ha comprobado, sin embargo, que la reducción de la ansiedad que producen estas explicaciones a corto plazo, no se mantiene si éstas no van acompañadas de cambios más profundos, sólidos y duraderos en el estilo de vida.
 
Esto es debido a que, a menudo, las personas nos aferramos fuertemente a las supuestas causas de nuestro dolor, ya que nos permiten manejarnos en una especie de “zona de seguridad” en la que nos sentimos cómodos. En esta situación, el propio malestar percibido como fruto de factores pasados o actuales  ajenos a nuestra influencia, de manera  que  nuestra única alternativa es la resistencia, la queja y el autocompadecimiento.
 
Esta actitud encierra un gran peligro, ya que facilita que nos identifiquemos con nuestro sufrimiento, haciendo que éste pase a formar parte de nuestra identidad, impidiéndonos así que lo superemos para seguir avanzando.
 
Asumir un papel de víctima ante el pasado, las circunstancias, o las demás personas, hace que nos concibamos como seres indefensos que no pueden hacer más que sentarse a esperar a que la propia suerte cambie. Esta creencia según la cual la conducta de uno no puede influir en el propio bienestar, es lo que en psicología llamamos deseperanza, factor muy relacionado con la depresión, el suicidio y el mal pronóstico en patologías como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
 
Afortunadamente, existen alternativas a la desesperanza, nuevas vías que nos dan la oportunidad de afrontar las dificultades de forma sana y edificante. Una de estas  opciones es la propuesta en el modelo compensatorio formulado por Brickman en 1982. Este autor, nos invita a deshacernos de la carga de posibles culpas pasadas asociadas a las causas de nuestros problemas, a la vez que asumimos con valentía nuestra responsabilidad en el acontecer actual de nuestras vidas.
 
El primer componente del modelo se asemeja mucho a las propuestas tradicionales, ya que propone aceptar que las dificultades que cada uno de nosotros tenemos son fruto de comportamientos aprendidos anteriormente en un contexto influido por factores personales y ambientales múltiples, que a menudo escapaban de nuestro control y de los que por lo tanto no tiene sentido que nos sintamos culpables. Sin embargo, el segundo e innovador elemento va un paso más allá. En él se nos dice: vale, es cierto que seguramente no fuiste el único causante de tus problemas, pero sí eres el principal responsable la manera en que vas a manejarlos a partir de ahora.
 
Este planteamiento nos muestra una nueva ruta, constituyendo una especie de invitación para todas aquellas personas que estén hartas de sufrir y se sientan preparadas para dejar atrás viejas cargas y tomar, de una vez por todas, las riendas de su propia vida.
 
Esta actitud implica un gran coraje, ya que supone dejar atrás viejas excusas con tal de alcanzar la verdadera madurez emocional: es algo así como cuando un niño deja de esconderse entre las faldas de su mamá y decide salir a explorar el mundo. Este paso hacia delante es costoso pero a la vez tremendamente liberador y energizante, ya que adueñarse de la propia existencia implica darse cuenta de la inmensa fortaleza y capacidad creadora que uno posee: esta constituye una de las bases más importantes de la resiliencia.
 
VNP
 
 
Más allá del papel de víctima
jueves 11 de noviembre de 2010