Deja de planear y planea
 
Hace un tiempo me explicaron una anécdota de esas que le dan pie a uno a reflexionar. La antigua señora de la limpieza de una mujer que había enviudado recientemente me comentó que mientras ordenaba los papeles del despacho del difundo encontró lo que era la planificación de las vacaciones de la pareja a diez años vista. En aquellas hojas estaba programado hasta el más mínimo detalle: qué sitios visitarían, en qué orden y fecha e incluso un presupuesto aproximado de cada futuro viaje. En una de la hojas impresas por su marido la mujer había escrito a lápiz: “Si aún vivimos”. Lamentablemente, esta pareja no pudo hacer realidad todas estas ilusiones debido a que el paso del esposo por este mundo concluyó antes de lo que él había esperado. ¿Qué podemos aprender nosotros de esta historia?
 
Proyectarnos en el futuro puede tener tanto aspectos positivos como negativos. Sin duda el porvenir puede ser una fuente de ilusión, energía y motivación: la habilidad de marcarnos retos u objetivos agradables a medio-largo plazo y planificar correctamente cómo alcanzarlos es esencial para progresar en las distintas facetas de nuestra vida. Las consecuencias negativas de esta proyección acontecen cuando nuestro empeño planificador es tan potente que nos hace olvidar (o lo usamos inconscientemente para olvidar) lo que ocurre ahora en nuestras vidas. Muchas personas, por ejemplo, idealizan de forma muy potente el momento de su jubilación y viven los últimos años de su vida laboral  pensando: ahora no estoy bien, pero cuando me jubile tendré tiempo para hacer esto o aquello y seré feliz, estaré satisfecho. Así van pasando los años, va pasando la vida y cuando llega el ansiado momento (si es que llega) descubren desilusionados que nada es tan fantástico como lo habían imaginado. ¿Qué hacer entonces? Una opción es lamentarse por el tiempo perdido y continuar dejando que el presente se escape pensando ya no en el futuro, sino en los errores pasados.
 
Otra opción es hacernos conscientes de dónde estamos en este momento: quizá no es “la mejor” vida, pero es nuestra vida, la única que tenemos en este preciso instante. ¿Quieres hacer cambios en ella? ¡Perfecto! elige una dirección, traza un plan y síguelo haciendo todo lo que esté en tu mano para llevarlo a cabo y modificándolo cuando consideres que es necesario. Pero recuerda: no caigas en ell error de lamentar los estados intermedios hasta llegar a tu meta. Una escalera está hecha de peldaños, y cada uno de ellos es igual (si no más) importante que lo que anhelas encontrar en la cumbre. Aprovecha el viento que te sopla ahora: ¡sin él te resultaría muy difícil volar!
 
VNP
Deja de planear y planea
sábado 3 de abril de 2010