Entender y combatir los celos
 
Basta observar durante unos minutos a un grupo de pre-escolares en un parque infantil para comprender cuán temprano es nuestro aprendizaje de la gran frase de posesión: “Esto es mío”. Así, desde muy temprano, interiorizamos la idea de que ciertas cosas nos pertenecen, lo cual nos legitima para reinar sobre ellas y luchar para evitar perderlas.
 
El escenario para la aplicación de este concepto de posesión al ámbito de las relaciones amorosas se completa cuando éste se enlaza sin querer con ideas provinentes del amor romántico, como el mito de “encontrar la media naranja”, o el “no puedo vivir sin ti”. Estas herencias culturales hacen que, años más tarde, hagamos cosas tan estrambóticas como interpretar los celos de nuestra pareja como una muestra de que realmente le importamos.
 
Pero para que aparezcan los celos enfermizos es imprescindible otro ingrediente más: la poca seguiridad en uno mismo. Esta inseguridad, íntimamente relacionada con la baja autoestima, puede hacer que en vez de combatir con la razón unos celos relativamente leves y normales, los transformemos en algo obsesivo que perjudique gravemente nuestra salud y la de nuestra relación de pareja.
 
Los celos suelen relacionarse también con un enorme temor a ser abandonados. A menudo, este miedo se relaciona con  vivencias infantiles o experiencias de pérdidas afectivas anteriores, que hacen que de adultos nos sintamos profundamente vulnerables ante la idea de que nos rechacen.
 
Así, la persona celosa se siente como un calcetín desparejado, como una media naranja que no es nada sin su otra mitad. Esta sensación de no estar completa por si misma, hace que tema muchísimo perder a la otra persona, ya que sería como perder una parte inherente de su ser, y esto haría que su vida no tuviera sentido. Cuando se da esta situación, el tener una relación amorosa con otra persona pasa de ser un deseo o preferencia a ser una necesidad imperiosa que debe cubrirse a toda costa: es en este momento en que nace la dependencia.
 
Decimos que somos dependientes de una droga o de una persona cuando somos incapaces de funcionar con normalidad ante su ausencia, de manera que hacemos lo que sea para poder tenerla a nuestra disposición. Igual que ocurre con las drogas, el depender de otra persona hace que acabemos estando con ella más por nuestra incapacidad para dejarla, que por el bienestar que nos aporta. Esto puede hacer que perpetuemos relaciones que no son beneficiosas para nosotros debido simplemente al miedo a afrontar la soledad, a sentirnos incompletos.
 
Vemos así como los celos, lejos de ser una expresión de amor, son en realidad un reflejo directo del miedo. Y, como sabemos, el miedo suele ser algo irracional que hace que a menudo nos comportemos de forma poco beneficiosa para nosotros mismos y los que nos rodean. Los celos hacen sufrir muchísimo tanto al que los siente como a su pareja, de manera que pueden llegar a envenenarnos hasta tal punto que la otra persona decida poner fin a la relación, haciendo realidad precisamente el gran temor de la persona celosa.
 
El primer paso para poder combatir los celos es saber detectarlos a tiempo. Algunas de las conductas típicas de las personas celosas son:
 
- Vulnerar la intimidad de su pareja espiando por ejemplo sus correos electrónicos o mensajes del teléfono móvil.
- Mostrar malestar e incluso enfado al ver hablar a su pareja con otras personas que son juzgadas como posibles competidore/as.
- Prohibir a su pareja el ver o hablar con determinados amigos o conocidos.
- Hacer sentir culpable a la pareja cuando ésta intenta disfrutar de espacios independientes de la relación de pareja.
- Interpretar como peligrosas situaciones que la mayoría de personas no perciben así.
- Evitar que las personas del entorno social y familiar de su pareja conozcan las prácticas anteriores.
 
Una vez hayamos detectado las conductas celosas y comprendido los factores responsables de su gestación, es muy importante aprender a diferenciar entre el sentimiento  y sus consecuencias. Los celos son un sentimiento incontrolable al principio, pero las actuaciones consecuentes anteriormente expuestas deben ser interrumpidas desde el mismo momento en que éstos se detectan y se decide trabajar sobre ellos para mejorar. Esto significa que ni nosotros ni nuestra pareja debemos dejar que la persona celosa “actúe” sus celos, ya que esto vulnera los derechos de ambos e impide solucionar el problema. El comprender que la persona celosa no daña intencionadamente no significa que debamos tolerar que nos controle o que falte al respeto a nuestra intimidad.
 
Una vez ambos miembros de la pareja se hayan comprometido a no tolerar los actos celosos, el siguiente paso es tratar los factores de gestación de este sentimiento para así poder disminuirlo. Este trabajo es un proceso laborioso, en el que la persona celosa debe aprender a detectar las causas de su inseguridad (diferentes en cada persona) así como a quererse y valorarse tal y como es. Una parte crucial de este camino será el aprender a combatir las creencias irracionales referentes a la necesidad de ser perfecto para ser querido y a la necesidad de ser amado y valorado por una pareja amorosa para poder ser feliz.
 
Luchar contra los celos implica descubrir que tu, como todas las demás personas, eres una completa y maravillosa naranja que puede, si le apetece, colaborar con otras completas y maravillosas naranjas para hacer un delicioso zumo. Si logras esto conseguirás ser consciente de que tu felicidad depende en realidad de que te sientas a gusto contigo mismo, y no de mantener una relación amorosa con otra persona ajena a ti. Entoces, el “no puedo vivir sin ti” se convertirá en un “me encantaría compartir mi vida contigo, pero me quiero y me gusto tal y como soy estés tu de acuerdo o no”. Esto, aunque no nos recuerde a las escenas románticas de las películas, implica una satisfacción y paz infinitamente mayores, ya que el primer paso para aprender a amar y aceptar a otra persona es aprender a amarse y aceptarse a uno mismo.
 
VNP
 
 
 
Entender y combatir los celos
domingo 3 de abril de 2011