Y duespués del trauma, ¿qué?
 
A lo largo de nuestra vida podemos vernos expuestos a situaciones en las que nuestra integridad física o la de los que nos rodean se vea amenazada, como por ejemplo un desastre natural, una violación u otro tipo de agresión, un accidente grave, una guerra, o un atraco con violencia. Cuando estas situaciones son vividas con sentimientos intensos de temor, desesperanza u horror solemos calificarlas como traumáticas.
 
Los acontecimientos traumáticos suelen dejar huella en la vida de quienes los viven, de manera que pasan a influir de  forma importante en su bienestar. A veces, tras el impacto inicial del suceso, los seres humanos van recuperando paulatinamente la normalidad, de manera que la sombra del trauma se hace cada vez más y más pequeña. En otras ocasiones, sin embargo, las consecuencias del suceso se dilatan en el tiempo, menoscabando de forma importante el equilibrio psicológico de quien las sufre: es en estos casos en los que hablamos de estrés postraumático.
 
Aunque cada caso tiene sus particularidades, se ha visto que existe un patrón común en las maneras en cómo el acontecimiento interfiere posteriormente en la vida de las personas. Una de estas vías de interferencia se da en forma de reexperimentación persistente del trauma. Ésta, puede producirse mediante recuerdos incontrolables que asaltan la mente de la persona generándole un importante malestar. Otra forma de reexperimentación es la aparición de pesadillas frecuentes relacionadas con el trauma. Otras veces, aparecen episodios en los que la persona tiene sensaciones relacionadas con el trauma tan reales y vívidas que en esos instantes le parece que la situación traumática está volviendo a suceder.
 
Otra de las características del estrés postraumático es la experimentación de un intenso malestar (consistente normalmente en reacciones fisiológicas de ansiedad) al entrar en contacto con estímulos internos o externos que recuerdan o simbolizan el trauma: ocurre, por ejemplo, que a algunas mujeres que han sido víctimas de violación les resulta extremadamente difícil volver a relacionarse con normalidad con otros hombres, ya que estos evocan sin querer el episodio de la agresión.
 
Fruto de este intenso malestar, el cerebro de la persona empieza a buscar mecanismos para evitar entrar en contacto con estímulos relacionados con el trauma, tales como: esforzarse en evitar pensar, sentir o conversar sobre el suceso; evitar actividades, personas o lugares que evoquen recuerdos sobre el trauma; e incapacidad para recordar aspectos importantes de lo que pasó. Otros síntomas del estrés postraumático son: disminución del interés o la participación en actividades que antes resultaban agradables; sensación de estar desapegado emocionalmente de las demás personas; incapacidad para experimentar sentimientos como antes (por ejemplo, incapacidad para sentir amor hacia otros); así como la sensación de que el futuro de uno será dosolador, de manera que no se espera poder volver a llevar jamás una vida normal.
 
Todo esto suele ir acompañado de sensaciones persistentes de  ansiedad y de un aumento del estado de alerta del organismo. Fruto de esto suelen aparecer dificultades para conciliar o mantener el sueño, un aumento de la irritabilidad, ataques de ira, problemas de concentración, respuestas exageradas de sobresalto ante estímulos no peligrosos (como por ejemplo un portazo o un gesto al hablar de otra persona) y una constante hipervigilancia al entorno como si el peligro estuviera siempre al acecho.
 
Estas manifestaciones de estrés pueden aparecer tanto inmediatamente después de haber vivido la situación traumática, como varios meses tras el acontecimiento. Debido al enorme sufrimiento que causan todos estos síntomas, resulta importante saber que existen herramientas terapéuticas de eficacia probada tanto para prevenir su aparición como para tratarlos una vez ya han salido a escena. Es por esta razón por la que es conveniente ponerse en manos de un buen profesional ante este tipo de sucesos, ya que se ha visto que el no hacer nada ante el estrés postraumático, lejos de solucionar el problema, suele hacer que éste se cronifique.
 
Solamente las personas que han vivido una situación traumática pueden saber cuán dolorosa y desconcertante es la influencia que ejerce ésta en sus vidas. Ante tantísimo dolor y ansiedad es habitual y muy humano el que el primer instinto sea el de protegerse y no compartir lo sucedido con nadie. Esta tendencia puede agravarse, además, si ante el trauma surgen sentimientos de culpa por ser uno el responsable de haberlos causado o de no haber hecho lo suficiente para que las cosas fueran de otra manera: esta culpabilidad, normalmente distorsionada, forma también parte de la respuesta psicológica ante el  trauma, y no hace más sino añadir tovavía más quilos a la pesada carga.
 
El estrés postraumático no es más que una respuesta de nuestro  cerebro ante situaciones desproporcionadas y muy difíciles de procesar. Estas circunstancias se asocian entonces a una gran ansiedad y nuestro organismo, como es lógico, aprende que es mejor evitarlas e intentar sacarlas de nuestra consciencia para que no nos sigan lastimando. Sin embargo, sabemos que esta evitación ejerce un efecto contrario al deseado, ya que impide que nuestro sistema procese lo ocurrido y los fantasmas del trauma se van haciendo cada vez más grandes y poderosos.
 
La terapia psicológica ayuda a rescatar poco a poco los recuerdos del trauma, permitiendo que el cerebro los integre de forma saludable y rompiendo así la conexión entre los mismos y la ansiedad, que cada vez se hace más y más pequeña. Este procesamiento, aunque al principio difícil y doloroso, proporciona a medio y largo plazo una disminución de la ansiedad y la vuelta paulatina de normalidad a la vida de la persona.
 
Si has tenido que enfrentarte a alguna situación difícil en tu vida y te sientes identificado con algo de lo expuesto anteriormente, debes saber que estas sensaciones son más comunes de lo que solemos creer. Suele ser inevitable que el recuerdo de nuestras vivencias traumáticas nos acompañe a lo largo de nuestras vidas, lo que sí podemos modificar es la manera en que nos posicionamos ante estas experiencias y la intensidad con que éstas condicionan nuestra vida.
 
Tu, como todos los seres humanos, posees una gran fortaleza interior y puedes, sólo o con ayuda, sobreponerte a las dificultades y utilizarlas como base para seguir creciendo:
 
El pasado está más allá de tu control, el presente, sin embargo, está en tus manos.
 
VNP
Y después del trauma, ¿qué?
sábado 23 de julio de 2011