Sacarle partido a la adversidad
 
Seguramente habréis escuchado en más de una ocasión que lo “bueno” y lo “malo” son dos caras de una misma moneda. Esta sencilla afirmación esconde en su interior una antigua y sabia enseñanza: los dos extremos de la polaridad son en esencia lo mismo. El hecho de que una misma cosa (un puesto de trabajo, una relación amorosa o una persona, por ejemplo) pueda parecernos “buena” en un momento dado y “mala” posteriormente nos indica que la cualidad o valor no está en la cosa en sí, sino en nosotros mismos. Esta afirmación no significa simplemente que las cosas dependan de cómo uno las mira, sino que nada es bueno o malo en sí mismo, simplemente es.
 
De forma más o menos cíclica sufrimos cambios en nuestras circunstancias vitales que nos llevan a sentirnos profundamente confusos y desorientados. A veces este estado es precipitado por factores externos como una ruptura conyugal, la muerte de un ser querido o cualquier otro cambio importante en nuestra cotidianidad. Otras veces nos es más fácil identificar su causa en nuestro interior: un sentimiento de vacío interior, de falta de sentido, de saber que existe algo más a lo que por alguna razón no somos capaces de acceder... Cuando esto nos ocurre a menudo nos resistimos a ello etiquetando la situación como mala o desagradable, sin darnos cuenta de que esa situación es un regalo que la vida nos da para aprender, para seguir creciendo.
 
Como vimos en el texto sobre la actitud de no resistencia, el luchar contra lo que es en un momento dado no hace más sino añadir sufrimiento extra a nuestras vidas. Una vez hayas aprendido a no resistirte a la realidad, puedes intentar averiguar cómo encaja lo que está ocurriendo en tu vida. En toda circunstancia difícil o dolorosa se encuentra la semilla de algo más grande, más hermoso. Toda pérdida implica una ganancia, desprenderse de algo implica siempre acceder a otras cosas. A veces necesitamos que la vida nos ponga en difíciles tesituras para dar un paso hacia delante y seguir evolucionando.
 
Aunque no es cierto que la sabiduría deba fundamentarse obligatoriamente en la vivencia de mometos dolorosos, sí lo es que estos momentos pueden ser una pieza clave en nuestro aprendizaje.
 
Evidentemente no se trata de que intentemos sentirnos contentos o felices cuando un hecho traumático golpea nuestras vidas, ya que esto no sería más que un autoengaño poco fructífero. Sí podemos, sin embargo, permitirnos sentir con liberdad la pena, el dolor, la rabia o cualquier otra emoción que en nosotros surja aceptando a la vez lo que está ocurriendo y teniendo la profunda certeza interior de que todo ese sufrimiento (que existe, y no hay que negar) nos brinda la oportunidad para conocernos aún mejor. Se trata de aprender a estar realmente abiertos a lo que la vida nos quiera mostrar en cada etapa.
 
Muchas personas son capaces, una vez han pasado años tras un suceso difícil en sus vidas, de reconocer cómo esos momentos dolorosos les han aportado algo más que dolor, y les han hecho ser más fuertes y mejores personas. La propuesta que aquí os hago es simplemente la de ser consicente de esto cuando el dolor aparece o poco después de que lo haga, para empezar a sacarle partido lo antes posible.
 
No se trata en ningún caso de ir en busca del sufrimiento, sino más bien de aceptar que éste forma parte de la vida y de que a su vez hace posible la existencia de la felicidad o el bienestar, ya que uno sin el otro no tendrían ningún sentido.
 
Si sólo somos capaces de quedarnos con el dolor en sí mismo tendremos la sensación de que nuestra vida no es más que un caótico camino de sufrimiento intermitente ante el cual reaccionamos de forma idéntica una y otra vez y que no nos conduce a ninguna parte.
 
Sin embargo, si logramos ir un poco más allá, accederemos a una nueva actitud ante la vida: reconoceremos lo desagradable de ciertas situaciones viéndolas a la vez como valiosas oportunidades para seguir evolucionando como personas, diciendo sí a la vida y viviendo cada instante como el maravilloso regalo que es.
 
VNP
 
 
Sacarle partido a la adversidad
sábado 5 de junio de 2010