¿Vemos las cosas tal y como son?
 
Seguramente has experimentado muchas veces como un mismo acontecimiento -una discusión familiar, por ejemplo- es vivida de manera radicalmente distinta por los  diversos miembros implicados en ella. Así mismo, te habrás preguntado alguna vez cuál es la causa de que algunas personas logren recuperarse de una situación adversa como la muerte de un ser querido, mientras otras caen en una profunda depresión de la que les es muy difícil recuperarse.
 
Estas diferencias son debidas principalmente a que cada uno de nosotros procesa la información de una manera diferente. Cuando entramos en contacto con un acontecimiento externo, la información que llega a nuestro cerebro no es una simple copia o fotografía de lo que ocurre afuera. Si esto sucediera así, todos veríamos siempre las cosas del mismo modo, ¿no es cierto?
 
Lo que ocurre en realidad es que percibimos las cosas que nos pasan a través de unos guiones o esquemas que hemos ido construyendo a lo largo de los años como fruto de nuestras experiencias dentro y fuera del ámbito familiar.  Estas pautas están guardadas en una especie de mochila que cada uno llevamos a cuestas continuamente. Cuando nos enfrentamos a una situación, algunos de estos filtros se activan saliendo de nuestra mochila y situándose como una lente entre nosotros y el mundo.  
 
Estos esquemas hacen que, sin darnos cuenta, prestemos más atención a unos detalles de la situación que a otros, y que los interpretemos de uno u otra forma. Numerosos estudios han demostrado, por ejemplo, que ponemos más atención a los aspectos de la situación que coinciden con nuestro estado de ánimo en ese momento, es dicir: si estamos contentos, por ejemplo, percibiremos como más fuertes las informaciones agradables que nos lleguen, en detrimento de otras más negativas. Estas distorsiones o sesgos se hacen más extremos en las personas con problemas emocionales: las personas con depresión centran sin quererlo su atención en los aspectos negativos de su vida, de los demás, de sí mismos y del futuro. De un modo similar, las personas con problemas de ansiedad, dan mucha más importancia a las supuestas fuentes de peligro que las demás personas.
 
Estas distorsiones pueden llegar a afectar incluso a la percepción de elementos físicos. En un clásico estudio de psicología social, se pidió a niños de clase socioeconómica alta y baja que estimaran el diámetro de una moneda en relación a círculos de cartulina de diversos tamaños. Los resultados mostraron que los niños de estatus económico más bajo sobrestimaban el tamaño de la moneda, error que no cometían con un estiímulo de significado neutro como las circunferencias de cartulina y que tampoco se encontró en los niños de familias acomodadas.
 
Todos estos son ejemplos nos demuestran cómo los seres humanos tenemos un papel activo en la percepción de la realidad. Puesto que a menudo estos sesgos nos juegan malas pasadas, resiluta muy útil saber de su existencia. Esto nos perimitirá comprender más profundamente la variabilidad que existe entre unos y otros a la hora de interpretar las situaciones y en consecuencia de responder ante las mismas.
 
El simple hecho de saber que las cosas dependen en gran medida de cómo uno las ve es un primer paso muy importante. Si aprovechamos este conocimiento, podremos como mínimo dudar de que todo sea en realidad tan malo  o bueno como a veces lo vemos y podremos empezar a comprender por qué razón a veces unas situaciones nos afectan más o menos que a otras personas
 
Además, el sabernos constructores de nuestra realidad nos invita a explorar un nuevo mundo en el que ya nunca más seremos seres pasivos e indefensos ante los cambios del ambiente, si no personas conscientes, responsables y conocedoras de nuestra enorme capacidad de enfocar la realidad de forma que le podamos sacar el máximo partido a cada instante de nuestra existencia.
 
No siempre podremos controlar lo que ocurre, pero sí lo que nosotros hacemos con lo que nos ocurre.
 
 
VNP
¿Vemos las cosas tal y como son?
jueves 29 de abril de 2010