Practicar la asertividad
 
Si analizamos nuestras relaciones sociales cotidianas nos percataremos de que de vez en cuando debemos enfrentarnos a situaciones complejas en  las que  existe la posibilidad de que se genere un conflicto entre nuestros intereses y los de nuestro interlocutor.
 
Se ha visto que los seres humanos afrontamos este tipo de situaciones principalmente de tres maneras:
 
Las personas que practican una Conducta pasiva evitan a toda costa entrar en conflicto con los demás, aunque esto implique permitir que sus propios derechos sean vulnerados. Temen tanto el enfrentamiento que a menudo toleran faltas de respeto, humillaciones y burlas de las personas que les rodean sin hacer nada al respecto. Cuando  algo no les gusta o no les parece bien simplemente callan, dejando que los demás lleven en rumbo de la situación sin tenerlos en cuenta. Es habitual que estas personas se sientan incomprendidas, ignoradas y manipuladas. La acumulación de frustración que  suelen soportar puede comportar consecuencias negativas a corto y largo plazo: a parte de generar una baja autoestima es habitual que acaben “estallando” en un desajuste emocional  importante.
 
La segunda manera de afrontar estas situaciones es lo que denominamos Conducta agresiva. Este patrón de comportamiento implica el defender los propios intereses sin tener en cuenta los de las personas que nos rodean. Las personas que practican este estilo suelen agredir verbal o incluso físicamente a los demás para conseguir que éstos hagan lo que ellos desean. Se trata en definitiva de someter a los demás para que se sientan débiles y acaben cediendo. Aunque a corto plazo esto puede resultar eficaz para conseguir lo que uno quiere, este estilo dinamita las relaciones humanas de tal forma que a la larga los demás suelen guardar rencor y evitar a las personas agresivas.
 
 Existe otra vía de actuación posible: la Coducta asertiva. Este patrón consiste en la expresión de sentimientos, opiniones y pensamientos en el momento oportuno, de la forma adecuada y sin vulnerar los derechos propios ni los de los demás. Se fundamenta en el respeto a uno mismo y a los demás y nos permite obtener lo mejor de nuestros contactos sociales. Si bien mediante esta vía no siempre se evita el conflicto, sí nos permite minimizar las consecuencias negativas que éste comporta conservando nuestra autoestima y sin lastimar la libertad de los demás. Se trata en definitiva de aumentar las probabilidades de conseguir lo que quieres sin dañarte a ti mismo ni a los que te rodean.
 
Algunas de las situaciones en las que la asertividad nos puede resultar muy útil son: solicitar que alguien cambie una conducta que nos incomoda o molesta, recibir o realizar una crítica, solicitar ayuda, mostrar desacuerdo, hacer o recibir un cumplido o rechazar una petición.
 
Hay cinco sencillos pasos que te pueden ayudar a la hora de practicar la asertividad. Para recordarlos puedes memorizar las siglas: DECNI. Veamos un ejemplo:
 
1.    Describir de forma precisa la conducta (ej: cuando me pides más informes de los que soy capaz de realizar en el tiempo que tengo)
2.    Expresar nuestros sentimientos (ej: me siento desbordado y esto me genera ansiedad y frustracion)
3.    Crear empatía (comprendo que si me los pides es porque son necesarios y que tu también debes ir muy ocupado)
4.    Negociar el cambio (ej: pero me gustaría que a partir de ahora reevaluaras el tiempo que me das para hacer el trabajo o el volumen de informes que me pides)
5.    Informar de las consecuencias (ej: si no efectúas este cambio que te solicito me veré en la necesidad de comunicárselo a nuestro superior para que nos ayude a encontrar una solución).
 
Es importante tener en cuenta que para que estas comunicaciones resulten efectivas debemos cuidar los aspectos tanto verbales como no verbales de nuestro mensaje:
 
Intenta mirar a tu interlocutor y no al suelo mientras hablas, pero recuerda que una mirada excesivamente fija puede resultar hostil. Habla con un tono de voz firme y convincente sin que éste resulte agresivo y en un volumen audible (ni muy alto ni muy  bajo). Evita hablar demasiado rápido y no titubees. Cuando desees que la persona con la que estás hablando intervenga, haz una pausa más larga en tu discurso para que pueda tomar la palabra. Expresa el problema de forma clara, concreta y descriptiva evitando hacer juicios de valor o afirmaciones vagas que puedan ser mal interpretadas. Utiliza frases como “No estoy de acuerdo con...” o “No estoy dispuesto a...” para expresar tu opinión. Responsabilízate de tus sentimientos sin culpar a los demás (es preferible decir: “cuando tu me hablas bruscamente yo me siento ansioso” que “me pones nervioso”. Por último pero no menos importante: termina siempre aportando una propuesta de solución al problema.
 
Los conflictos de intereses entre personas son algo natural y no negativo en sí mismo siempre que se resuelvan de forma constructiva y con respeto. La asertividad puede ser una herramienta muy útil para aquellos que estamos convencidos de que es posible practicar una comunicación sana y respetuosa con uno mismo y con los demás en todos los ámbitos de la vida. Si cada uno de nosotros aportáramos este granito de arena gran parte del sufrimiento innecesario que inunda nuestras relaciones laborales y familiaries simplemente dejaría de gestarse.
 
VNP
 
 
Practicar la asertividad
jueves 2 de septiembre de 2010