¡Necesito estar BIEN!
 
Como casi todos sabemos, hay épocas en la vida en las que parece que nuestro universo se desmorona: de repente las cosas que dábamos por sentado empiezan a tambalearse y nos sentimos como si la tierra se hubiera esfumado bajo de nuestros pies.
 
Es muy habitual que, ante este hecho, nos invadan sentimientos de confusión, angustia y miedo. Todo aquello que nos daba seguridad (esa relación con otra persona, nuestro trabajo, la imagen que nos habíamos construido de nosotros mismos...) deja de estar ahí, y nos sentimos totalmente desorientados.
 
Puesto que estas sensaciones vertiginosas suelen ser, como mínimo, desconcertantes, a menudo sentimos la necesidad de hacer algo, “lo que sea”, para volver a sentirnos en casa. ¿Y por qué? Por que nos da pánico permanecer demasiado tiempo en terreno desconocido. Es entonces cuando recurrimos a estrategias, muchas veces usadas ya anteriormente, para lograr sentirnos de nuevo sobre tierra firme.
 
Pema Chödron, autora del libro “Cuando todo se derrumba” nos ofrece un interesante análisis sobre los “porqués” y los “cómos” de este proceso.
 
Según ella, esta reacción se fundamenta en gran medida en nuestra tendencia humana de buscar el placer y huir del sufrimiento. Queremos ser felices, estar bien, sentirnos bien. Esto hace que constantemente estemos atentos a nuestros estados internos, clasificándolos de forma casi inmediata como “buenos” y “malos”. Que hoy estoy triste: “malo”. Que me río todo el rato: “bueno”. Que me levanto con taquicardia y la respiración acelerada: “malo”. Que me felicitan por algo en el trabajo y me siento orgullosa de mi misma: “bueno”. A continuación nos aferramos de manera intensa a lo que consideramos bueno y rechazamos lo que hemos juzgado como malo, de manera que cuando esto surge consideramos que tenemos un problema pendiente de resolver. ¿Y qué hacemos entonces? ¡Tratamos de ponerle solución!
 
Y resulta que la solución suele provenir de nuestros patrones antiguos y habituales de actuación: como habréis observado ya, la mayoría de nosotros no solemos ser muy creativos a la hora de afrontar nuestros problemas, de manera que a menudo respondemos de forma similar a situaciones similares. Esto hace que, evidentemente, los resultados que obtenemos sean también bastante parecidos. Sin embargo, aunque sepamos que probablemente aquél “problema” volverá a resurgir de alguna forma más adelante, la sensación de seguridad que experimentamos cuando lo creemos resuelto nos ayuda a relajarnos momentáneamente. Volvemos a estar “bien”, volvemos a sentirnos “buenos, capaces, inteligentes, eficaces...”.
 
En añadidura, nuestra socialización no suele facilitarnos que actuemos de otra forma: recibimos constantemente  el mensaje de que debemos estar bien, ser felices, vivir a tope, llegar a todo, ser guapos, competentes en el trabajo, entregados a nuestra familia, etc. ¡Y todo esto con una sonrisa en la cara!
 
Y así nos pasamos gran parte de nuestra vida, luchando una y otra vez por volver a tener la sensación de que lo tenemos todo bajo control. Nos montamos sin querer en una especie de montaña rusa formada por periodos oscuros y luminosos, escapando constantemente de unos para poder acceder a los otros, decepcionándonos una y otra vez cuando volvemos a caer. Puesto que solemos tropezar varias veces con el mismo tipo de obstáculos, puede invadirnos la idea de que somos inadecuados, de que no conseguimos avanzar. Entonces nos desmoralizamos de forma importante y nos llegamos a plantear tirar la toalla.
 
Afortunadamente, parece que la opción de abandonar no es la única que tenemos disponible. Chödron nos invita a experimentar una estrategia alternativa, consistente en dejar de huir una y otra vez, en dejar de oscilar entre el miedo y la esperanza. Se trata, en definitiva, de tomar los momentos caóticos de nuestra vida como oportunidades reales y valiosas de seguir avanzando.
 
Para lograr esto es importante que empecemos a desterrar la idea de que existe otra realidad (otro momento, otra manera de ser) mucho más valiosa que la actual y que debemos lograr conquistar. Una vez más, se nos anima  a tener en mente que el momento presente es el único que realmente poseemos. Como dice la autora: “Podemos hacernos el regalo de soltar nuestras expectativas, porque no existe cura posible para le frío y el calor, seguirán presentándose siempre”.
 
Este enfoque supone un cambio radical en la manera en que construimos nuestro mundo. Se nos propone acoger nuestra ansiedad, tristeza, egoísmo, torpeza... no como algo inadecuado, sino como parte natural de nuestra experiencia como seres humanos. Teniendo en cuenta esto, no es necesario que intentemos lo intentemos “fumigar” para sacarlo de nuestras vidas. Simplemente nos basta observarlo con ternura y preguntarnos si podemos aprender algo de cada situación.
 
Puede ocurrir que, cuando entramos por primera vez en contacto con esta idea, caigamos sin querer en pensar: “vaya, soy un idiota, llevo toda la vida haciendo las cosas al revés y por eso no soy feliz”. Si nos fijamos, esta reacción suele ser otra expresión de los patrones que estamos comentando: nos juzgamos duramente, tomamos nuestra ignorancia como algo horrible que debemos erradicar. Si nos dejamos arrastrar por estos pensamientos, nuestro intento de conocernos a nosotros mismos y avanzar se convertirá en una auténtica tortura. Suele ser más saludable recordarnos en todo momento que somos humanos, que no nacemos enseñados y que tropezar una y otra vez con las mismas dificultades es una parte natural y esencial de nuestro camino. En realidad, “tratar de conseguir una seguridad duradera nos enseña muchas cosas, porque, si no lo intentamos, nunca podremos darnos cuenta de que no se puede hacer”. Por esta razón es tan importante cultivar una actitud de aceptación incondicional y ternura hacia lo que percibimos como nuestros puntos oscuros: se trata en definitiva de convertirnos en unos buenos amigos de nosotros mismos.
 
El siguiente paso que nos propone la autora es el de aprender a refrenar nuestro primer impulso para poder obtener un poco de espacio para observar nuestra experiencia. Refrenarse requiere, en primer lugar, prestar atención a nuestras propias reacciones emocionales. Cuando éstas surjan, en vez de reaccionar rápidamente en un intento de proteger una vez más nuestra ilusión de seguridad, simplemente las observamos intentando no juzgarlas como algo adecuado o reprobable. Hacer este ejercicio una y otra vez nos ayudará a ganar cada vez más consciencia de nuestros propios patrones internos, ver en definitiva dónde solemos quedarnos atascados. Practicar asiduamente la meditación formal puede ayudarnos a entrenar esta habilidad de estar atentos al presente sin necesidad de juzgarlo inmediatamente.
 
A continuación, cuando hayamos logrado tener cierto espacio para la observación, podemos intentar abstenernos de hacer lo que siempre hacemos en aquella situación difícil y animarnos a experimentar cómo es hacer algo distinto. Así, poco a poco, iremos flexibilizando nuestros patrones de reacción y la idea que tenemos de nosotros mismos.
 
Tomar el momento presente como el profesor perfecto, comprometernos a estar en contacto sincero con nuestra experiencia por muy dolorosa que esta resulte, hará que poco a poco empecemos a ver las cosas con mayor claridad. Esta claridad, sin embargo, no tiene nada que ver con la certeza, ni con la seguridad, ni con una especie de salvación ideal: más bien se trata de atrevernos a dejar de protegernos constantemente, de establecer una relación de aceptación y apertura hacia la vida. Se trata, en definitiva, de tomar las oscuridades de nuestra existencia como oportunidades valiosas de seguir avanzando, sabiendo que no avanzamos hacia una meta futura, ya que en realidad la meta es el camino que ahora mismo recorremos. Como dice Chödron:
 
“Cuando todo se derrumba y estamos al borde de no se sabe qué, la prueba para cada uno de nosotros es permanecer en este punto y no concretar. El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y acabar accediendo a un lugar magnífico.”
 
Se trata más bien de darnos cuenta que el lugar magnífico está aquí y ahora, siempre a nuestra disposición, en nuestra experiencia tal y como ésta es.
                                                                                          VNP
 
 
¡Necesito estar BIEN!
viernes 8 de febrero de 2013