¿Auto-boicot o amistad?
 
Barcelona, 9 de la mañana, despacho de recursos humanos de una conocida empresa de publicidad: Mario, uno de los aspirantes al puesto, espera su turno para la entrevista mientras sus pensamientos empiezan a “fluir”...
 
- Llevan demasiado tiempo entrevistando a esa chica, seguro que les ha gustado y la quieren a ella. Me entrevistarán porque ya estoy aquí, pero no tengo nada que hacer, tiene pinta de estar mucho más preparada que yo.
 
Por fin, la secretaria pronuncia su nombre, pero Mario no consigue hacer callar a su mente:
 
- Me he levantado demasiado rápido, leí que no era bueno parecer desesperado, ya  estoy empezando con mal pie...
 
Abre la puerta, currículum en mano, pasa y se sienta. El responsable de selección le pide que exponga brevemente los puntos más importantes de su trayectoria laboral. De nuevo, la terrible voz de su interior tiene aún demasiadas cosas que decir:
 
- Mierda, me tiembla el papel en la mano, este señor va a pensar que soy un imbécil, lo dejaré mejor encima de la mesa... ¿Qué digo? Bueno, allá voy...
 
Mario empieza a hablar y la verdad es que no hace nada mal la exposición, pero de nuevo los pensamientos irrumpen en su mente:
 
- Estoy hablando demasiado rápido, seguro que parezco nervioso, ay, ¿por dónde iba? Ya me he perdido, tendría que haber previsto esto y prepararlo, siempre me pasa igual... ¡El corazón me va a salir por la boca! ¡Mierda! Me estoy poniendo colorado, esta partida está perdida...
 
El entrevistador lo percibe nervioso y lo interrumpe, le da las gracias, y le dice que ya lo llamarán si sale seleccionado. Al ir a darle la mano, Mario se da cuenta de que está sudando mucho y se pone aún más nervioso. No sabe qué hacer, así que, presa del pánico, decide no dársela al responsable de selección, y le hace un gesto de adiós con la mano mientras sale por la puerta. Este último gesto, por descontado, no le resulta demasiado favorable de cara a conseguir su puesto.
 
Aunque la entrevista ha finalizado, la mente de Mario prosigue su discurso:
 
- Ha sido un completo desastre, he quedado fatal. ¿Y lo de la mano? ¡Por Dios! ¡Seré imbécil! No me extraña que no encuentre trabajo, soy un completo inútil. Será mejor que vaya asumiendo que jamás lograré hacer nada de provecho en la vida...
 
Mario vuelve a casa muy deprimido y enfadado consigo mismo. Da por sentado que no lo van a llamar, y efectivamente no lo hacen.
 
Veamos qué podemos aprender nosotros de esta pequeña  historia:
 
Lamentablemente, Mario ha sido víctima en esta ocasión de lo que los psicólogos llamamos la “Profecía que se auto-cumple”.
 
¿Qué significan estas palabrejas?
 
La profecía que se auto-cumple es un fenómeno en el que la persona predice que algo le va a salir mal. Como consecuencia de esta predicción, aparece un diálogo o voz en su interior: es lo que  solemos llamar “pensamientos automáticos negativos”. Como su nombre indica, estos pensamientos llegan a nuestra mente tan rápidamente que no nos da tiempo a cuestionarlos, de forma que los damos por válidos de entrada. Como vemos en el caso de Mario, estos pensamientos suelen ser de auto-desprecio y nos generan emociones desagradables como la ansiedad.
 
Decimos que esta profecía se cumple a sí misma porque es precisamente el nerviosismo que ésta genera  lo que hace que nos distraigamos y bloqueemos, cosa que perjudica enormemente nuestra actuación.
 
¿Cuál es el resultado?
 
Resulta que, como la profecía había predicho, las cosas nos acaban saliendo mal. Es entonces cuando caemos en la “trampa” de la profecía auto-cumplidora de manera semejante a como le ocurre a Mario: tomamos estos resultados como una evidencia irrefutable de que somos un desastre, unos inútiles que “nunca harán nada de provecho en la vida”  sin  darnos cuenta de que ha sido nuestra predicción y los pensamientos negativos que ésta ha provocado los que nos han hecho fallar. ¿O pensáis que la entrevista de Mario hubiera ido de la misma forma si su diálogo interno hubiera sido más constructivo? Esta interpretación hace que la próxima vez que nos enfrentamos a una situación semejante los pensamientos negativos se activen aún más fácilimente, de forma que entramos en un espiral de auto-boicot e inseguridad. Seguramente os preguntareis:
 
¿Cómo puedo romper éste círculo vicioso?
 
Lo más sencillo es hacerlo a partir de sus consecuencias. Las emociones negativas son la parte del proceso que nos resulta más  fácil de detectar, así que suponen una buena puerta de acceso a todo lo demás. La próxima vez que te sientas triste, angustiado o iracundo prueba a preguntarte: ¿qué me estoy diciendo a mi mismo en este momento? Será entonces cuando te descubrirás hablándote de forma radicalmente opuesta a la que usarías para animar a uno de tus amigos que se encontrara en tu misma situación.
 
Coger cierta práctica en detectar cuando nosotros mismos nos herimos es la base para, más adelante, aprender a cuestionar y sustituir estos pensamientos por otros que en vez de perjudicarnos nos ayuden a vivir mejor.
 
Son dos los caminos que se presentan ante ti: seguir con el auto-boicot o convertirte poco a poco en tu mejor amigo. La elección, como siempre...
 
 ¡Está en tus manos!
 
VNP
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
¿Auto-boicot o amistad?
sábado 29 de mayo de 2010