Reconectarse con uno mismo
 
Seguramente estaremos de acuerdo en que la vida cotidiana de la mayoría de nosotros es bastante ajetreada: a menudo nos resulta complicado conciliar el trabajo y la familia, de forma que nuestro horario semanal termina siendo una compleja cuadrícula sobre la que hacemos malabarismos intentando que todo quepa.
 
Durante las temporadas en las que nuestra actividad se intensifica aún más puede haber momentos en los que   tengamos la necesidad de parar un tiempo para recuperar fuerzas. A veces nos sentimos tan presionados por las exigencias de nuestro entorno que hacemos oídos sordos a lo que nuestro organismo nos reclama y mantenemos el ritmo pese a todo. Si este acto de ignorar nuestras necesidades se prolonga demasiado en el tiempo, nuestro cuerpo y nuestra mente suelen reaccionar forzándonos a parar mediante desórdenes varios que pueden ir desde un leve resfriado hasta un ataque de ansiedad.
 
A menudo pensamos que la única solución posible a este problema son unas largas vacaciones que nos permitan “desconectar”. Como habitualmente no nos es posible tomárnoslas, resolvemos que no hay nada que podamos hacer y seguimos adelante. Sin embargo, si reflexionamos un poco sobre el tema, nos daremos cuenta de que existen otras alternativas más viables.
 
Frente a una situación de estrés cotidiano, el hecho de “escapar” durante unos días no suele resultar eficaz a largo plazo: si uno tiene una rutina que no le deja tiempo para retomar fuerzas, a los pocos días de volver de vacaciones se encontrará exactamente en el mismo estado en el que estaba antes de irse.
 
Una sencilla metáfora puede ayudarnos a buscar una alternativa mejor:
 
Imagina que te propusieras cruzar buceando una superficie bastate extensa de mar. ¿Cómo te organizarías para salir a la superficie a coger aire? Puesto que el recorrido a realizar es largo, seguramente no sería una buena opción coger todo el aire que puedas antes de sumergirte por primera vez y no volver a sacar la cabeza para respirar hata llegar a la otra orilla: ¡haciendo esto lo más probable es que te ahogaras! Como es fácil suponer, sería mucho más hábil salir a tomar aire varias veces durante el camino para poder llegar sano y salvo a tu destino.
 
Lo mismo pasa en nuestro día a día: la mejor manera de sobrellevar un esfuerzo prolongado es tomarnos a menudo pequeños momentos para respirar.
 
Si te fijas observarás como tu mente permanece llena de pensamientos la inmensa mayoría de tiempo: contenidos del pasado y planes sobre el futuro la inundan de una forma tan compulsiva que a menudo nos resulta extremadamente difícil dejar de pensar. La mayoría de esta actividad mental no es fructífera y lo único que hace es agotarnos sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello. Esta sobrecarga contribuye enormemente a lo que solemos sentir cuando decimos que estamos agobiados.
 
Una manera asequible y tremendamente eficaz de recargar fuerzas es planificar en nuestra rutina diaria unos minutos para estar con nosotros mismos y facilitar que este diálogo interno constante pare o por lo menos se debilite durante unos instantes. Es importante que planifiques este momento especial del día de forma que puedas disfrutarlo a solas, dejando de lado por unos minutos a las personas que tienes a tu alrededor.
 
La actividad a hacer durante este momento mágico puede ser variada: pasear en contacto con la naturaleza, practicar técnicas de meditación o de relajación o  hacer ejercicio son algunos ejemplos. Dentro de esta variedad conviene que tengas en cuenta que es importante que no se trate de una actividad que llene aún más tu mente de conceptos e información como es por ejemplo leer.
 
Otro aspecto importante para que esta poderosa práctica de sus frutos es que seas constante. El hecho de realizar siempre la misma actividad y de hacerlo con una frecuencia regular (lo ideal es una vez al día o cada dos días como mínimo) contribuirá a que forges un hábito, de forma que conseguirás que tu mente se relaje cada vez más facilmente.
 
A menudo, esforzarse en no pensar en nada puede resultar contraproducente, de forma que es preferible que durante estos minutos focalices tu atención en estímulos no verbales como por ejemplo el paisaje que contemples al pasear, tu respiración al meditar o tus sensaciones corporales al hacer ejercicio.
 
Es posible que la idea de añadir una actividad más a tu agenda diaria te parezca un modo un tanto contradictorio de combatir el estrés. Sin embargo, si te atreves a intentarlo te darás cuenta de que este hábito no sólo no te quita energía, sino que además te nutre de una vitalidad que perdura en ti el resto de la jornada.
 
Crear estos pequeños espacios para estar contigo mismo te permitirá conectar con lo que realmente eres, que sin duda va mucho más allá de la voz parlanchina que suele habitar tu mente. La paz irrumpe cuando por fin reina el silencio.
 
¿Te atreves a probarlo?
 
VNP
Reconectarse con uno mismo
jueves 12 de agosto de 2010